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Jack Vance – Varias Ciencia Ficcion

Una novela corta de Vance, esta vez de superexótico ambiente noire

En Cerebros de la Tierra aparece el Vance más hard sin que por ello deje de ser una space opera con sus amenazantes monstruos de ojos saltones. A pesar de eso el autor se permite disquisiciones científicas sobre las fuerzas que interactúan en la naturaleza y como podrían afectar a poderes como la telepatía en la humanidad si no estuviésemos parasitados por una de las especies alienígenas. Este relato, casi una novela corta, junto con Golpe de gracia es de lo mejorcito de la obra. Los personajes del relato están bien perfilados, hay romance, la acción no decae y Cerebros de la Tierra tiene un final feliz. No se le puede pedir más a una obra.

Media tarde había llegado a los bajíos. El viento moría, el mar se encontraba apacible y se extendía con brillo sedoso. En el sur, una negra escoba de lluvia pendía bajo las nubes, en otras partes, el aire se hallaba denso con oscuridad rosa. Gruesas costras de algas flo-taban sobre los bajíos, una de éstas sostenía la balsa de bio-minerales, un rectángulo metálico de 60 metros de largo y 30 de ancho.
A las cuatro, una sirena anunció desde lo alto del más-til, el cambio de turno Sam Fletcher, ayudante del superintendente, salió del comedor, cruzó la cubierta hasta la oficina, corrió la puerta y miró al interior. La silla en que comúnmente tomaba asiento Cari Raight para llenar su informe de producción, estaba desocu-pada. Fletcher miró por arriba de su hombro hacia la planta beneficiadora, pero Raight no se encontraba a la vista. Era extraño. Cruzó la oficina, comprobó el tonelaje del día.

La teoría de la sociedad organizada (tal como fue desarrollada por Kolbig, Penton y otros) rinde tal caudal de información significativa, revela complicaciones tan múltiples y proyecciones tan portentosas, que en ocasiones es bueno considerar su premisa principal engañosamente sencilla (formulada aquí por Kolbig). Cuando microunidades con voluntad propia se combinan para formar y sostener a una macrounidad durable, son restringidas ciertas libertades de acción.
Éste es el proceso básico de organización.
Mientras más numerosas y erráticas son las microunidades, más complejas deben ser la estructura y la función de la macrounidad y, por lo tanto, más penetrantes y restringidos los detalles de organización.
—de Primeros Principios de Organización, por Leslie Penton. La población general de la ciudad se había olvidado de la restricción de libertades, como una víbora ya no recuerda las patas de sus antepasados. En alguna parte, alguien ha establecido: `Cuando la discrepancia entre la teoría y la práctica de una cultura es muy grande, quiere decir que esa cultura está sufriendo un cambio rápido“. Según ese patrón, la cultura de la ciudad era estable, sino estática. La población ordenaba sus vidas por inventario, clasificación y precedente, satisfecha con las blandas recompensas de la Organización.
Pero en el tejido más sano existen bacterias y la impureza más insignificante produce defectos en la cristalización más escrupulosa.

En el fabulosos marco del planeta Gigante, una de las mejores y más imaginativas creaciones de Vance, Claude Glystra, enviado especial de Central Tierra, vivirá una apasionante aventura y tendrá ocasión de conocer cuanto de bueno y malo encierra la naturaleza humana.
El libro que lanzó a la fama a Jack Vance, sigue manteniendo el interes del lector hasta la última página y la última frase.
Un prodigio de imaginación.

Despues de cinco años de ausencia, Shaine Madduc regresa a Koryfon, su planeta natal. Muchas cosas han pasado en ese lapso: su padre ha muerto y, sobre todo, se ha roto la convivencia entre las tres razas que habitan aquel mundo. Una convivencia, desde luego forzada, entre la especie humana, auténtica aristócracia terrateniente, los uldras y los erjin, estos últimos utilizados como esclavos. Los uldras, a los que dirige el Príncipe Gris, consideran usurpadores a los humanos, pero es muy posible que sean los erjin los primeros pobladores del planeta…..

Contiene únicamente la novela breve (63 pág.) `El Ultimo Castillo` (Premio Nebula 1967) En una Tierra feudal, en declive, los mek, unos aliens traídos del espacio y esclavizados, se rebelan contra los humanos, destruyendo los castillos que estos habitan. Sólo queda Hagedorn, cuyos héroes buscan refuerzos entre aldeanos y espiacionistas (una secta aislada).

Los hombres fueron reducidos a la esclavitud, y destinados a penosas tareas, mientras que los monstruos se relajaban y veían satisfechas sus necesidades. Llegó el momento en que Emphyrio, el hijo de un pescador, fue impulsado a la rebelión y condujo a los suyos a las montañas.
Empleó una tablilla mágica, y todos los que oían sus palabras sabían que eran palabras de verdad, y así, muchos fueron los hombres que se reagruparon para luchar unidos contra los monstruos.
Por fuego y llamas, tortura y carbonizaciones, los monstruos de Sigil tejieron su venganza.
Sin embargo, la voz de Emphyrio resonaba desde las montañas, y todos los que la oían se rebelaban.

Para un lego en Vance, como es mi caso, la imagen apriorística a la que remite la narrativa de este autor es una de paisajes extraños, civilizaciones alienígenas… el viejo sentido de la maravilla en estado puro. Ésta es la idea que transmiten los entusiastas de Vance, y en esta línea se extiende Carlo Frabetti en su introducción al volumen (donde además nos informa de que ésta es la segunda parte de las dos en que se dividó The Best of Jack Vance para su edición en español). Tanto se insiste en ello, que la impagable cubierta posterior informa al desprevenido lector de que `se ha insinuado la posibilidad de que [Vance] sea un extraterrestre infiltrado` (¡sic!).

Bromas chungas sobre el estilo de Vance aparte, lo cierto es que los tres relatos contenidos en Estación de Abercrombie no contienen nada de lo que se podría esperar de ellos a la vista de su presentación. El primero, `El retiro de Ullward`, es una fábula demasiado extendida cuyo interés se centra en la crítica al estilo consumista americano. Pues eso son los protagonistas, supuestos habitantes del siglo no sé cuántos, que aparecen en este relato: americanitos de los años cincuenta, por mucho que se llamen con nombres extravagantes, viajen cómodamente entre las estrellas o, como narra el relato, alquilen planetas. Así pues, nada de sense of wonder de momento, aunque esto puede disculparse por el carácter de fábula social del cuento, acerca del cual ya nos advierte el prologuista que no es lo que cabría esperar de Vance. Veamos el resto.

`Estación de Abercrombie`, que da título al volumen, narra las peripecias de corte heinleniano de una adolescente dispuesta a todo por dinero sacada directamente de las fantasía adolesentes masculinas (es, para entendernos, una especie de mezcla entre Audrie Hepburn y Mata-Hari). Implicada en una trama de matrimonio de conveniencia, deberá ascender a la órbita para integrarse en una casta social que habita la Estación Abercrombie y que remite tanto a los Presteign de Las estrellas mi destino como a los aristócratas orbitales de Neuromante. A pesar de que esta ambientación no deja de tener su interés, la credibilidad del relato (esta vez, gracias a Dios, no es una fábula) se resiente por lo grotesco de los personajes y lo inerme de la trama, que se limita a una anécdota que se prolonga hasta llegar a un final resuelto mediante un deus ex machina.

Para terminar, `Rumfuddle` nos lleva a un futuro próximo (tanto que ya es nuestro pasado, por lo que debe ser un mundo alternativo, lo que es muy apropiado por el tema del relato) en el que un hombre, Alan Robertson, ha abierto las puertas a un multiverso de mundos infinitos donde la humanidad se apresura a instalarse. Pero su intrigante hermano Bob y sus amigotes organizan veladas anuales, los Rumfuddle del título, en las que juegan peligrosamente con el tiempo y el espacio, como descubre para su desgracia la modélica familia protagonista. Se trata de un relato con cierto interés (aunque éste sólo se mantiene si no se descubre antes de tiempo la auténtica personalidad de uno de los protagonistas, torpemente escondida bajo un pseudónimo transparente), que de nuevo se prolonga demasiado y finaliza anticlimáticamente.

En el planeta Aerlith viven dos clanes humanos dirigidos por las familias Banbeck y Carcolo, en continua lucha con sus ejércitos de dragones venidos del espacio. Los `sacerdotes`, contemplativos, esperan su destrucción por los `básicos`, raza alien de alta tecnología, que esclaviza a los humanos y destruye sus hábitats.

Edwer Thissell es enviado a Sirene como cónsul de los Planetas Centrales. Nada más llegar se da cuenta de que la vida en el planeta no va a ser fácil. Su papel de cónsul no le va a poner las cosas más sencillas. Para los habitantes de Sirene está solo un poco por encima de un esclavo… pues es, el respeto que les merecen los extranjeros.
El planeta ha llegado a tal grado de sofisticación e individualismo que todo se ha convertido en una exquisitez y todo lo feo o desagradable es rechazado violentamente.
Sus habitantes llevan máscaras que les cubren totalmente el rostro para no ser tan vulgares y con las máscaras marcan su estatus y su estado de ánimo. Su forma de comunicarse es a través del canto acompañado de instrumentos y estos se utilizan según el mensaje que se quiere transmitir y a quien se quiera transmitir.
Después de tres meses en el planeta le llega una orden urgente de detener a un peligroso asesino que está a punto de llegar. Por desgracia su misión no es nada fácil pues todos los viajeros de su nave llegan ya con sus máscaras faciales colocadas como mandan las costumbres del planeta.
Este relato corto (no llega a 70 páginas) es de una imaginación sorprendente y aún más sorprendente es el hecho del planteamiento de toda una sociedad tan distinta de la nuestra en tan poco texto, pero tan bien explicado que es fácil trasladarse a él para entender su funcionamiento.

Un nuevo recorrido a través de las exóticas e inimitables culturas del Dominio Geano de la mano de un consumado narrador.

La juventud de Jaro Fath transcurre marcada por varios enigmas: no conoce su verdadero origen y oye una voz misteriosa que lo atormenta. Sus padres adoptivos lo salvaron de una muerte segura en un mundo lejano y lo llevaron consigo a Gallingale. Jaro crece, casi marginado, en una cultura regida por sutiles distinciones sociales que no le importan, pues sólo piensa en llegar a viajar a otros mundos para poder investigar el misterio de su origen.

Lámpara de Noche marca el regreso de uno de los contadores de historias más queridos y admirados de la ciencia ficción. Las personalísimas virtudes de un escritor para quien no parecen pasar los años, brillan con una insospechada intensidad en esta novela, en la que hace gala de un derroche de talento ante el que deberían palidecer de envidia varias generaciones en activo.

En esta antología se recogen tres de las mejores narraciones del maestro indiscutido de la ciencia ficción exótica y aventurosa, entre ellas “El último castillo” ganadora del premio Hugo.
Para quienes ya conocen a Jack Vance a través de su ciclo de Durdane (“El hombre sin rostro”, Ciencia Ficción 21, “Los valerosos hombres libres”, Ciencia Ficción 29), esta selección no hará sino confirmarles la pericia de uno de los escritores que mejor ha sabido evocar en sus relatos ese clima de irreductible extrañeza, de ajenidad total, que debería caracterizar toda buena obra del género y que sin embargo tan pocos autores consiguen crear de forma convincente.
Para quienes toman contacto por primera vez con este narrador insólito, estos relatos constituirán la introducción más adecuada a uno de los autores fundamentales de la ciencia ficción y la fantasía contemporáneas.

El edénico planeta de Pao ha sido invadido sin resistencia. Para obtener la libertad, sus habitantes deberán aprender un nuevo idioma que posibilite la comprensión y la asimilación de conceptos nuevos como la violencia y la resistencia. Pero, si cambian de lengua, ¿seguirán siendo paoneses?

Vance, reconocido maestro en la creación de nuevos mundos, aborda como precursor la exploración del complejo campo de la sociolingüística, consciente de la importancia del lenguaje en la formación del pensamiento humano.

Maske: Taeria, la novela que el lector tiene en sus manos, es en este sentido una obra muy representativa de su autor, de este estilo de ciencia ficción que cultiva, que ha inspirado a otros autores, pero que nadie ha sabido imitar ni reproducir. Escrita en los años setenta, época muy fértil en producción y de gran calidad en la trayectoria de Vance (no sólo en la ciencia ficción), ofrece lo que cabe esperar: misterio, acción, viajes, venganzas, todo ello enmarcado en un trasfondo cultural y sociológico minuciosamente detalladlo que es el que condiciona siempre y en todo momento los actos de todos y cada uno de los personajes, al respecto, nótese que los personajes de Vance (los malos y los buenos) tanto luchan con su fuerza física o de armas, como con su ingenio e inteligencia, y en no pocas ocasiones los enfrentamientos librados de ingenio a ingenio son mucho más atrayentes que las batallas.

El mundo de esta novela está totalmente cubierto de agua. Los colonos humanos viven en «flotadores», hojas de plantas acuáticas que flotan en la superficie de los bajíos ecuatoriales del planeta, y se comunican mediante mensajes que transmiten desde lo alto de unas torres. Todo parece armónico y perfecto, pero de las tranquilas aguas del océano salen periódicamente unos seres monstruosos e indestructibles que les roban los alimentos y los amenazan. Cuando un de los habitantes decide encontrar la manera de acabar ese tormento, no sabe que se expone a un peligro mayor: conocer el vergonzoso origen de la colonia.

Jack Vance es un escritor cuyas creaciones en ciencia ficción y fantasía están seguramente entre las más extrañas en un campo ya fantástico. `Tiempo Futuro` nos proporcfiona cuatro muestras selectas de una imaginación que salta dichosamente de un humor seco, a la aventura espeluznante, a la reflexión sardónica sobre la condición humana.

Contenido:

– El empleo de Dodkin (Dodkin’s Job, 1959)
– El retiro de Ullward (Ullward’s Retreat, 1958)
– Velero 25 (Sail 25, 1962)
– El don de la palabra (The Gift of Gab, 1955)

 

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