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Karl Heinrich Ulrich – Varias Homoeróticos

Manor es el primer cuento de vampiros en tratar abiertamente la homosexualidad masculina. Lo cual no sorprende, ya que Ulrichs fue un militante incansable en el movimiento por la igualdad de los homosexuales. Otros sostienen que el viejo Ulrichs no inventó nada nuevo, sólo obligó a los vampiros a salir del closet.
El estilo narrativo de Karl Heinrich Ulrichs imita la aspereza de las sagas nórdicas. No hay detalles circunstanciales, ni demoras en la descripción del escenario; lo cual contrasta fuertemente con el tema que plantea el autor: la relación homosexual entre un hombre y un vampiro. Hasta ese momento, la literatura vampírica había sido bastante ambigua con respecto a la homosexualidad. El lesbianismo había sentado presendentes con el relato de Sheridan Le Fanu: Carmilla (Carmilla, 1872), pero Karl Heinrich Ulrichs fue un poco más allá, contruyendo una historia de amor, no sólo de sexo; en donde dos hombres se enamoran y continúan su relación incluso del otro lado de la tumba. Revisiones modernas señalan que, además de encarar este asunto delicado, Manor cierra su círculo polémico con la tierna aceptación de Lara, madre de uno de los protagonistas, del amor clandestino de su hijo.
La idea victoriana más benévola sobre la homosexualidad no concibe el amor entre dos hombres. Admite, a regañadientes, la posibilidad del desliz sexual, pero nunca del amor romántico. Aquí reside lo monumental de Manor. No ya en su historia ni en el estilo en el que está compuesto. Ambos son, en mayor o menor medida, mediocres; sino en la idea de libertad y tolerancia que ondea entre líneas.

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