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Nathaniel Hawthorne – Varios Cuentos y Relatos

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Aquel hombre singular que se llamó el doctor Heidegger, invitó cierta vez a su estudio a cuatro antiguos amigos suyos. Tres de ellos eran ancianos de cabellos y barbas grises: Mr. Medbourne, el coronel Killigrew y Mr. Gascoigne, la otra persona era una mujer mustia y consumida, que se llamaba la viuda Wycherly.



En 1842 Hawthorne se casó con Sophia Amelia Peabody, de Salem, y la pareja se estableció en Concord (Massachusetts) en una casa llamada Old Manse (vieja rectoría). Durante los cuatro años que vivieron allí, el autor escribió numerosos cuentos que, más tarde, fueron publicados bajo el título de Musgos de una vieja rectoría (1846). Entre ellos se encuentran ?El entierro de Roger Malvin?, ?La hija de Rappacini? y ?El joven Goodman Brown?, en los que revela su preocupación por los efectos del orgullo y el pecado, a través de la alegoría y de la utilización del símbolo.





En el libro Twice-told tales (Historias contadas dos veces, 1847), Hawthorne incluye el cuento `Wakefield`: la historia de un hombre que dijo adiós a su esposa, se instaló a vivir a la vuelta de su casa y veinte años después, sin una explicación de por medio, regresa a su hogar y a la abnegada señora Wakefield. Si le creemos a Hawthorne, leyó en un periódico este suceso ocurrido en Londres. La anécdota, leída como un `caso` (el hombre que puede ocultarse en la multitud) lo impresionó vivamente y sucumbió a la tentación de armar un cuento con ella
La gran incógnita del cuento de Hawthorne (¿por qué se fue Wakefield?) pasa a se aquí ¿qué hará, que será capaz de hacer ahora la señora Wakefield? La novela se abre hacia escenas de la vida conyugal. Esta pareja, tan apoltronada en su casa burguesa, que habla y se interroga muy poco y que ya hace rato que ha pasado el estado de la pasión, es lanzada por el acto del marido a un escenario incierto de actitudes y decisiones súbitas, sobre las que hay que improvisar sobre la marcha. La pareja, pero sobre todo ella, la señora Wakefield, empieza a mostrar hasta dónde puede llegar cada uno con independencia del otro, hasta dónde conduce la libertad. Sorpresa: estos actos, sobre los que la señora Wakefield reflexiona, le darán una medida de sí misma que ni soñaba tener, aunque potencialmente los contenía. La mujer de Wakefield cumple con su propósito reparador: las entrelíneas en las que apenas existía se han abierto en un enorme espacio de existencia. El siglo XIX, como los clásicos leídos por Italo Calvino, nunca termina de decir lo que tiene que decir. La mujer de Wakefield existe en el hueco dejado por Hawthorne y encuentra su culminación en una cita de Don Quijote, libro al que Wakefield parece haber leído sin cesar en su destierro. De este modo la novela va de la literatura a la literatura, y se diría que en este gesto final está la voluntad, la honestidad, que cierra esta historia contada dos veces.





Un muchacho, corredor de tabaco, procedente de Morristown, donde hizo buen negocio con el diácono de la corporación de cuáqueros, se dirigía a la aldea de Parker?s Falls, sobre el río Salmón. Tenía un lindo carrito verde, con una caja de cigarros pintada en cada lado, y, en la parte trasera, un cacique indio enarbolando una pipa y una rama de tabaco. El muchacho guiaba una hermosa yegüita, y era un muchacho despierto para los negocios, y por eso mismo apreciado por los yankees, quienes, según les he oído decir, prefieren que los afeiten con una navaja afilada. Era querido, especialmente, por las muchachas bonitas de Connecticut, a las que hacía regalos de su mejor tabaco, pues sabía que las campesinas de Nueva Inglaterra son, por lo general, aficionadas a la pipa. Además, como se verá en el curso de mi relato, el muchacho era preguntón, algo charlatán, siempre ávido de oír noticias y anheloso de repetirlas.




El Abuelo se quedó impresionado ante la idea de Laurence de que el histórico sillón pudiera poseer una voz propia y verter a través de ella la sabiduría acumulada de dos siglos



Nos ofrece una adaptación libre y vivaz de seis leyendas de la mitología griega. El autor se propuso modernizarlas y despojarlas de lo que definió como «la fría luz de la luna», aquello que, con el paso de los siglos, las había hecho languidecer. Los seis mitos escogidos fueron: la historia de Perseo y la Medusa («La cabeza de la Gorgona»), la fábula del codicioso rey Midas («El toque de oro»), el mito de la caja de Pandora («El paraíso de los niños»), el viaje de Hércules al Jardín de las Hespérides («Las tres manzanas de oro»), el amor de Baucis y Filemón («La jarra milagrosa») y el encuentro entre el mítico caballo alado Pegaso y su único jinete, Belerofonte





`Los mejores cuentos` es un recopilatorio de piezas breves escritas por Nathaniel Hawthorne, el gran autor de `La letra escarlata`:
1.- `El entierro de Roger Malvin` (`Roger Malvin`s Burial`, 1832)
2.- `El joven Goodman Brown` (`Young Goodman Brown`, 1835)
3.- `Ethan Brand` (`Ethan Brand. A Chapter from an Abortive Romance`, 1851)
4.- `La ambición del forastero` (`The Ambitious Guest`, 1835)
5.- `Wakefield` (`Wakefield`, 1835)






La novela cuenta la historia de una casa maldita. A finales del siglo XVII, en una pequeña localidad de Nueva Inglaterra, el venerable coronel Pyncheon decide construirse una ostentosa mansión en el lugar donde antes se había levantado la cabaña de Mathew Maule, un hombre turbio que había sido condenado por brujería en un juicio presidido por el coronel. De camino al cadalso, Maule había proferido una maldición contra el coronel: «Dios le dará sangre para beber». El día de la inauguración de la casa, el coronel muere repentinamente. Y sus descendientes heredan la casa y el infortunio.






Hester Prynne es condenada a la más absoluta exclusión de la comunidad a la que pertenece por el hecho de haber cometido adulterio con alguien al que no quiere reconocer públicamente y de cuya relación nace su hija Perla.
La novela comienza con la exposición pública de la vergüenza y el pecado de la mujer frente a todo el poblado puritano que inmediatamente valida, en un segundo juicio de conciencia, el veredicto ya emitido por los magistrados de la colonia.
De pie en el cadalso, con su hija en brazos, Hester vé, entre la multitud, a los otros dos personajes que componen un trío sobre el que se teje toda la tragedia de la novela. Y cada uno de ellos se recompone a partir de la relación con la mujer adúltera, y ella misma con el origen de su pecado y con las consecuencias sociales y morales que traen consigo la ejecución de la pena. Hester sufre por tres razones: por la ejecución de una sanción impuesta por la Moral ejercida por magistrados, presbíteros y el pueblo, por la incapacidad de imponer o transmitir cualquier código moral a su hija al ser fruto del pecado, y por el silencio que se autoimpone a la hora de revelar la identidad del padre y por tanto coautor del pecado. Todo esto la lleva a vivir una vida en soledad, al margen de la comunidad y de cualquier tipo de relación humana. Con el paso del tiempo, incluso cuando ya se la vuelve a readmitir en el seno de la colonia, su actitud no será muy distinta de cuando se la condenó al ostracismo: silencio, trabajo y una austera abnegación en todo lo que haga.
De ese compromiso consigo misma y con su pecado, surge, de la pluma de Hawthorne, un personaje de una dimensión moral y valentía que se convierte en la medida de todos los demás personajes y que, a través del dilema vital que representa, acaba convirtiendo al pecado en una convención social más, manejada por la comunidad frente a la imposibilidad de una libertad de conciencia individual cercenada por la actitud tribal del poblado puritano.
Novela profundamente psicológica que rastrea, ahonda y enjuicia cada una de las motivaciones y acciones de todos los personajes ( la mujer, los clérigos, el presbítero, los magistrados, la bruja? excepto el personaje que es fruto del pecado: la pequeña Perla que es retratada casi como un espíritu del bosque que vive libremente al margen de cualquier convención o moral social) , une, a este fuerte contenido moral un importantísimo elemento metafórico y simbólico que va desde lo que es el objeto y título de la novela hasta los espacios físicos ( el bosque, el poblado, el cadalso?) pasando por los mismísimos personajes.






Obra perturbadora y profunda, impregnada de un romanticismo negro y una visión del mundo intensamente pesimista, es el producto de una imaginación radical y despiadada en su clarividencia. La constitución psicológica y moral del hombre es algo monstruoso y deforme, y la civilización ha exacervado sus cimientos en el mal.

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